30 AÑOS CORRIENDO

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Un lejano día de febrero de 1991, con 15 años, me calcé unas zapatillas y salí a correr por primera vez por voluntad propia. Especifico lo de “por voluntad propia”, porque ya había que correr en Gimnasia, asignatura que odiaba. Y solo comencé a correr tras suspender la dichosa Gimnasia. En aquel momento poco sospechaba el “vicio” en que me estaba metiendo.

Al principio solo bajaba un par de días a la semana al parque cerca de mi casa, el Ribera de Castilla, que ofrecía un terreno variado. El correr es un deporte agradecido, sobre todo cuando se empieza de la nada, y enseguida pasé de ser el típico “paquete” en las pruebas de resistencia a pasar el test de Cooper sin problemas.

Siempre había sido el típico muchacho gordito y tranquilón al que cualquier actividad física le producía aversión, y eso que mis padres ya habían intentado varios deportes conmigo, como el baloncesto, aunque con escaso éxito. Sin embargo, la Gimnasia me quedó para septiembre, y continué entrenando durante el verano, con la vista puesta en el test de Cooper y las pruebas de salto horizontal y vertical.

Aprobada la asignatura, y ya no por necesidad, continué corriendo. Había encontrado en la libertad de salir a correr una forma de libertad y afirmación personal.

Ya terminado el instituto se me declaró “no apto” para el servicio militar. Unos dedos meñiques algo amorfos no me hacían apropiado “para correr”. Incongruencia que solo me dio más alas para seguir corriendo.

En 1992 hice mi debut en competición, directamente en el medio maratón de mi ciudad, Valladolid, quedando de los últimos, y donde repetiría al año siguiente, con similar fortuna. Prueba que he repetido en muchas otras ocasiones a lo largo de los años.

Tras estas carreras vendrían muchas otras, de variadas distancias, antes de subir un peldaño más, con mi debut maratoniano del año 2000 en el MAPOMA de Madrid.

Vencida con respeto la distancia de Filípides, seguí intercalando pruebas más cortas con 1 o 2 maratones anuales hasta el 2004. Cambiaba de trabajo, amistades o país, pero correr era la constante que me guiaba, siempre presente, aunque no volví al maratón hasta 2009.

De nuevo con calma pasé de los típicos dobles ciclos de entrenamiento anuales, a desatarse la “fiebre maratoniana”, primero en busca de los 25 maratones, luego los 40… y de ahí para adelante.

En 2020 contaba con haber llegado a los 100 maratones, pero surgió el dichoso coronavirus que acabó con los calendarios deportivos de todos. Tras tantos años sin parones, salvo los forzados por gripes o resfriados, el confinamiento traía un nuevo desafío. Aunque siempre se puede improvisar un pequeño circuito en la cocina de casa.

Pasado el desconfinamiento, la sensación de sentirse libre corriendo no tuvo igual.  Sin carreras “oficiales” a la vista han aparecido los maratones “clandestinos”, aunque las carreras se ven con otros ojos, aún inmersos en esta situación.

Supongo que llegaré a los 100 maratones en este 2021, aunque ya no es algo que me importe tanto.

Correr me lo dio todo, pidiendo bien poco a cambio.

Solo querría seguir corriendo con salud, al menos, otros 30 años. Si cuando llegue la hora me coge corriendo, no podré tener un final mejor… no hay veneno comparable a la soledad del corredor de fondo.

Gracias por tu lectura.

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