En Portugal ya habíamos participado en el maratón UTRSC de Santa Cruz en otras tres ocasiones, con suertes dispares (2021, 2023 y 2024). Surgía la opción de combinar esa prueba con un fin de semana en Portugal y me registraba a última hora, aprovechando un precio asequible para este tipo de eventos (35 euros).
Es una prueba de carácter vespertino, con salida a las 18:30 desde el parque municipal de Santa Cruz, dependiente del municipio de Torres Vedras. Junto a los 42k, se ofrecen distancias más asequibles de 22 y 14 kilómetros.
El cambio de denominación de la carrera se debe a que se ha optado por aprovechar el tirón de la variedad “gravel”, definida como un tipo de trail poco técnico que transita por caminos de tierra y grava en zonas costeras, buscando un equilibrio con la naturaleza.
Tras un breve briefing, prácticamente inaudible para la mayoría, unos cien atletas entre las tres modalidades tomamos la salida..
Salgo con calma dentro del grupo. Enseguida me doy cuenta de que el recorrido inicial no sigue el trazado que recordaba de otras ocasiones, que enseguida nos metía por una zona de dunas. Ahora salimos de la aldea entre invernaderos y zonas de cultivo, que otros años afrontábamos después de concluida la primera vuelta.
Mantengo una buena cadencia, pareciéndome que el trazado en esta fase es más fácil que en ediciones anteriores. Unos cuantos kilómetros después veo que nos encaminamos al monasterio abandonado, donde está el primer avituallamiento. Allí acometemos el ascenso más pronunciado. Es una zona que en otras ocasiones afrontaba de noche. Una vez alcanzada la cima, bajamos hacia la playa de Santa Rita. Desde allí el recorrido es casi una línea recta hasta Santa Cruz, por zonas dunares y otras ya por asfalto, sin olvidar unas cuantas cuestas y escaleras.
La primera vuelta, de 22 kilómetros, nos lleva de nuevo al Parque Municipal de Santa Cruz, donde tenemos que pasar por el control de carrera. Han pasado casi dos horas y media de carrera. Quedan 20 kilómetros, la mayor parte de los cuales transcurrirán de noche.
Con muy pocos corredores inscritos a la distancia más larga, pronto se hace evidente que tendré que utilizar mis habilidades de navegación para no perder ninguna cinta fluorescente de las que indican el recorrido. A pesar de ir con cuidado, no tardo en desviarme por un camino, y tener que retroceder hasta la última cinta. Aprovecho esme omento para cambiar las pilas del frontal, ya agotadas.
Con más luz, continuo mi carrera, viendo ocasionalmente el haz de luz de un corredor que, desde atrás, se ha ido acercando poco a poco. Es una chica, que me supera poco antes de llegar al último avituallamiento. Allí relleno la mochila, ya vacía, y eso que cargaba con un litro y medio de isotónico, sin la sensación de haber bebido tanto. En ese punto nos dicen que quedan aún 11 kilómetros. Es una sorpresa, porque yo creía que estábamos más cerca de la meta. Supero a dos corredores que se entretienen allí un poco más, y continúo el recorrido.
En esto nos acercamos a una pequeña aldea, y allí sigo la carretera descendente que sale a la izquierda. Tras unos cuantos cientos de metros, al no ver más cintas, retrocedo hasta la aldea, donde me cercioro de la cinta señalizadora, y vuelvo a bajar por la misma carretera. En este segundo intento me encuentro con un coche, afortunadamente con uno de los organizadores, que me indica que estoy siguiendo el camino erróneo, y además por segunda vez.
Echo a correr detrás de su coche, y me indica una cinta justo en la dirección opuesta a la que estaba siguiendo. Me dice que desde allí es todo recto siguiendo la costa hasta Santa Cruz.
Algo más animado, aunque con dos o tres kilómetros extra en mis piernas encaro la última parte de la carrera. Quien decía recto, no quería decir fácil, y aún tengo varios ascensos y descensos por las zonas de playa hasta acercarme a las postrimerías de Santa Cruz, ya con mi cronómetro por encima de las 5 horas, y de nuevo sintiendo la posibilidad de llegar fuera de control, establecido en las seis horas.
Finalmente no llega a ser el caso, y consigo cruzar la línea de meta en 5h32m06s, en la posición 19 de 22 llegados a meta en la distancia de los 42 kilómetros. Firmo así mi peor tiempo en esta prueba, sobre un recorrido diferente, en mi opinión menos hermoso, y sintiendo que, tal vez, sea mi último baile en ella.
Tras varias semanas intensas de carreras, y en el que sería mi cuarto maratón en cinco fines de semana (con backyard mediante), asumo que es hora de tomar un pequeño respiro antes de encarar el siguiente, previsiblemente dentro de un mes en Bascones de Ojeda.
