Con todas las restricciones por los confinamientos perimetrales el hecho de poder correr un maratón ya es un logro. Podrían parecer suficientes las carreras “virtuales”, pero no todos encontramos la misma motivación en ellas, sobre todo si no utilizamos las aplicaciones de correr.
Una vez más, Javi del Val se puso a la cabeza en la organización de un nuevo maratón “artesano” al estilo Covid-19. En esta ocasión el lugar elegido fue Aranda de Duero, en Burgos, en un recorrido de 5k siguiendo una carretera muy tranquila. Tras una vuelta más larga de 12k, y luego eran otras tres de 10k, comenzando y terminando en el antiguo Puente Conchuela.
Para la primera edición aparecíamos 5 corredores en la salida. El día amanecía nublado, con algunas lluvias ligeras en el pronóstico. Durante la primera vuelta acabamos por correr juntos. Como no había tenido seguro poder correr este maratón, la semana anterior nos habíamos hecho un fondo de 30k para compensar. Y como se demostró no fue una decisión muy inteligente. Mis piernas acabaron sintiendo el esfuerzo, pero gracias al buen recorrido y la segunda mitad más fácil de cada vuelta, cuesta abajo, las vueltas pasaron rápido. Aunque intenté terminar en menos de 4h, el último regreso no fue suficiente para recuperar el retraso. Así finalizábamos el maratón 91 en 4.01.43.
Si las cosas hubieran salido según lo previsto, el fin de semana siguiente habría completado el Maratón de Valdebebas. Fue una edición “extra” para aquellos corredores que no pudieron hacerlo la primera vez, el 14 de marzo, el mismo día en que España hizo una parada total. Sin embargo, nadie sabía que estaríamos aún en una situación muy similar tantos meses después, y que de nuevo no podría acudir.
El Maratón de la Vendimia también iba a contar con una segunda edición, 3 semanas después, como Valdebebas, para los corredores que no pudieron correr la edición anterior por las restricciones de viaje. Hubo cierto debate sobre si era apropiado “contar” maratones repetidos en los recuentos oficiales. Finalmente, parece que se llegó al acuerdo de que si estas carreras cumplían los requisitos para entrar en la categoría de maratón “oficial” (mínimo de 3 participantes, recorrido medido y medalla), debían contarse. Hay una pandemia y el mundo no es (y puede que nunca sea) el mismo.
Así aparecimos de nuevo en Aranda para la segunda ronda. Esta vez éramos cuatro corredores en la salida: Javi y yo repitiendo, con Quique y David debutando. Con un tiempo más frío, pero conociendo el circuito y más descansado, las cosas deberían ser más fáciles. Quique marcó un ritmo constante (5.26-5.27 min/km) que nos llevó a la media maratón en 1.54.40. La tercera vuelta fue, como de costumbre, la más dura, pero todavía con el aliciente de entrar por debajo de las 4 horas. Generalmente hay un mejor resultado de carrera cuando la primera mitad de se toma con más calma. Así, consigo que mi última vuelta sea la más rápida, y terminar en 3.48.28 mi maratón 92, quitándome la espinita de la edición anterior.
Felices y agradecidos a Javi y su equipo de voluntarios, es hora de descansar y pensar en encajar, tal vez, un último maratón en el calendario para despedirnos de este aciago 2020.
