(Una historia corta, traducida y modificada libremente del artículo “What Would It Take to Run a 1:50 Marathon?” de Michael Joyner en Quillete)
En el año 2090 se produjo un hito en el campo de la mejora del rendimiento humano cuando Alberto Lanza-Fuerte de Bolivia rompió la barrera del maratón de 1 hora y 50 minutos. Muchas facetas para la mejora del rendimiento contribuyeron para que dicho logro tuviera lugar.
Victor Conte Jr. era un músico-empresario-nutricionista con educación universitaria que fue pionero en el uso de la microdosificación farmacéutica junto con un entrenamiento riguroso para ayudar a los atletas de élite a batir sus récords. También patrocinó el desarrollo de compuestos para mejorar el rendimiento, demostrando que la innovación en este campo no siempre requería la participación de la comunidad científica convencional o las grandes industrias farmacéuticas. El Sr. Conte fue víctima de las campañas antidopaje de su época, aunque la reciente rehabilitación de su reputación ha ayudado a revertir la injusticia de una época menos ilustrada.
La barrera de las dos horas en el maratón ya se había franqueado en la segunda década del siglo XXI. Durante la primera parte del siglo se contaba con que las pruebas de ADN podrían usarse para identificar a las personas con una capacidad atlética excepcional. A mediados de la década de 2020, sin embargo, se hizo evidente que la genética no era suficiente explicación. Esto condujo a un retorno a formas más tradicionales de identificar el talento. Basado en el éxito de los corredores de regiones de gran altitud de África Oriental se hicieron esfuerzos para evaluar a un gran número de jugadores de fútbol adolescentes de la región de los Andes de América del Sur, a través de una simple carrera de 800 metros.
Ya incluso en la década de 1970, se sabía que los humanos nacidos a gran altitud tenían una mejor función pulmonar en comparación con otras personas. Así hubo varios casos de jugadores de fútbol que pasaron con éxito al atletismo de larga distancia. Cuando se encontró al Sr. Lanza-Fuerte, a los 16 años, corrió 800 metros en 1:59 después de un partido de fútbol en La Paz, Bolivia. Tras ello fue enviado a un campo de entrenamiento, donde tras varios años se convirtió en un corredor de larga distancia de clase mundial.
No había nada especial en el entrenamiento del Sr. Lanza-Fuertes, que se basaba en los métodos de acumular altos kilometrajes ya desarrollados en los años 60 y 70, junto con dosis regulares de entrenamiento de series. Varias semanas antes de su logro en 1:49:59, realizó una sesión que incluyó seis millas rápidas separadas por intervalos de trote de cinco minutos. Su primera milla fue un 4:04, con una última milla a 3:48. Las cargas máximas de entrenamiento tolerable se lograron a través de los avances tecnológicos. Estos incluían zapatos equipados con sensores integrados que podían detectar cambios sutiles en las propiedades de zancada, indicadores de una predisposición a las lesiones. Cuando estos cambios alcanzan un umbral, se establecen varios días fáciles de entrenamiento para reducir el riesgo de lesiones.
A finales de la década de 2030 había quedado claro que los sistemas de control de drogas no podían detectar muchos de los nuevos compuestos que se estaban desarrollando fuera de los laboratorios científicos y las compañías farmacéuticas. El llamado «dopaje genético» se había vuelto factible, pero funcionaba solo en una minoría de casos, con efectos secundarios inesperados y una durabilidad problemática. La solución al problema de analizar estas nuevas drogas fue establecer límites superiores de valores aceptables para varios biomarcadores. Esto consiguió “nivelar” el campo de juego para todos. Ahora cada atleta de élite tenía un perfil de sangre casi idéntico.
La tecnología del calzado avanzó rápidamente de 2015 a 2030. Finalmente, se establecieron estándares para limitar las propiedades de retorno de energía de las zapatillas y superficies de carrera. También hubo mejoras marginales en la nutrición deportiva e hidratación, pero a cualquiera que observe estos factores le resultará difícil asignar todo el crédito para llegar a un sub-1: 50 a estas últimas mejoras.
A principios y mediados del siglo XXI, el interés en los juegos electrónicos y redes sociales aumentaba mientras la cantidad de ejercicio físico disminuía entre la población, llevando a una pandemia mundial de obesidad. Las naciones occidentales desarrollaron programas de acondicionamiento físico intensivo para jóvenes, con restricción de la disponibilidad de dispositivos electrónicos y comida basura. También llevó al Pentágono a desarrollar un comando de mejora del rendimiento humano, o HPEC (Human Performance Enhancement Command) en 2047. Además de patrocinar la investigación y el desarrollo, el HPEC ofreció premios en metálico por logros físicos. El récord del maratón se había mantenido en 1:57:58 durante décadas. En 2067, el HPEC ofreció un premio de 100 millones de dólares a cualquiera que rompiese la barrera de 1:50 en el maratón.
El Sr. Lanza-Fuerte logró este objetivo en una antigua fábrica de paneles solares ubicada bajo el nivel del mar en el Valle de la Muerte, California. La ubicación bajo el nivel del mar sirvió para aumentar ligeramente la presión del aire, a fin de aumentar marginalmente los niveles de oxígeno. La pista interior de 3 km se enfrió a una temperatura optimizada de 5°C, con una iluminación ideal para retrasar la fatiga. Al avanzar el intento de récord, la temperatura en el edificio se redujo ligeramente para minimizar el esfuerzo. Décadas de debate sobre el uso de liebres en carrera resultó en la llamada Regla Bannister, por la cual las liebres solo estaban permitidas durante el primer 80% de una carrera.
Llevó solo 24 años para que el récord del maratón cayera de 1:57:58 a 1:49:59, una mejora de ocho minutos. El Sr. Lanza-Fuerte era claramente un atleta con una resistencia excepcional, pero sus parámetros medidos en laboratorio eran similares a las de los atletas de resistencia de élite que ya habían sido estudiados anteriormente. Tampoco había nada particularmente novedoso sobre su entrenamiento. En conjunto se calcula que las mejoras en el calzado y el recorrido representaron quizás tres minutos de la brecha de ocho minutos. Las intervenciones químicas probablemente tuvieron un efecto similar, mientras que las condiciones ambientales optimizadas y las liebres fueran responsables de los dos minutos restantes.
¿Son posibles otras mejoras? Probablemente la respuesta es sí, ya que el objetivo de optimizar el rendimiento humano nunca acabará de realizarse por completo.
