ICARUS (2017, 121min, Bryan Fogel)

“En tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario”. 

George Orwell

4.5/5

A favor: equilibrio entre el documental deportivo y el thriller; Grigory Rodchenkov, personaje simpático por el que acabamos sintiendo lástima, ya que sospechamos que es solo una víctima del sistema político ruso.

En contra: no queda muy claro lo que pasó con las muestras de orina congeladas de Bryan; la duda de cuan amplio es el uso del dopaje en el deporte, tanto profesional como aficionado.

Cuando encontré este documental en una plataforma de streaming no sabía que había ganado el Oscar de la Academia al Mejor Documental en 2018, ni de que trataba de dopaje en los deportes. Parecía la elección obvia para visionar.

El documental comienza en 2014, con el director Bryan Fogel explicando su decisión de participar en el evento de ciclismo aficionado más difícil del mundo, una carrera de siete días en los Alpes franceses llamada Haute Route. Ciclista aficionado durante muchos años logra terminar en la posición 14 de la general.

Bryan decide pasar por un programa de dopaje supervisado científicamente para intentar mejorar su posición en la próxima edición. El objetivo inicial del documental es demostrar que puede pasar por todos los controles de dopaje limpiamente y competir con una ventaja adicional en la Haute Route. Esto demostraría que el sistema implementado para controlar a los atletas es fallido.

Conocemos por Don Catlin, director del laboratorio que analizó a Armstrong más de 50 veces a lo largo de su carrera, que nunca falló un control. Iba a ser quien controlara el programa de dopaje de Bryan, aunque se echa atrás a última hora, preocupado por las consecuencias que podría tener sobre su reputación. Sin embargo, recomienda a un colega, el director del laboratorio antidopaje ruso en Moscú, Grigory Rodchenkov.

Después de una conversación teléfonica, Grigory acepta sorprendentemente supervisar el programa de dopaje de Bryan. Este dopaje consistirá en inyecciones de hormona de crecimiento humana y testosterona, además de otras sustancias. Asimismo, guardará congeladas muestras de orina.

Grigory viaja a Los Ángeles para reunirse con Bryan y recoger sus muestras de orina, metiéndolas de contrabando en su propio equipaje para su transporte a Moscú. Un personaje divertido y cercano, que ya trabajó en 1989 en Los Ángeles, donde ganó el maratón de Santa Mónica. Habla de forma natural sobre el dopaje y su experiencia, confesando que hasta su madre le ayudaba inyectándole.

Justo antes de la Haute Route, Bryan obtiene una prueba de potencia donde logra 350 watios, frente a los 250 antes de su dopaje. A pesar de esta mejora, termina en una posición peor que el año anterior. Después de la prueba viaja a Moscú con las últimas muestras para Grigory.

Con Brian ya de vuelta en Estados Unidos el documental se convierte en thriller. Un informe de la WADA (Agencia Antidopaje Mundial) a raíz de un documental alemán previo, confirma la existencia de un programa de dopaje ruso patrocinado por el estado. Se señala a Grigory como uno de los cabecillas de una amplia conspiración. El informe solicita la prohibición de competir en de los Juegos Olímpicos de Río a todos los atletas rusos. La reacción oficial rusa es inmediata, negándolo todo y despidiendo a Grigory de su posición como director.

Temiendo por su vida, Brian ayuda a Grigory a viajar a los Estados Unidos, donde aporta información clave al New York Times y al Departamento de Justicia sobre el prolongado sistema ruso de dopaje, del cual ha sido su cerebro desde 2012. Confiesa que durante los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi en 2014, muchos atletas siguieron dopándose. Con la ayuda del KGB y un intrincado método, se intercambiaban orinas «sucias», con pruebas de dopaje, por otras «limpias».

Demostrada la veracidad de esta información adicional proporcionada por Grigory Rodchenkov, en junio de 2016, a solo un mes del comienzo de los Juegos Olímpicos de Río, la IAAF prohíbe competir al equipo ruso de atletismo. Grigory, tras despedirse de su familia en Rusia y de Bryan, entra en un programa de protección de testigos.

Finalmente, y a pesar de toda la evidencia proporcionada, el COI rechaza las recomendaciones de la WADA y permite a los atletas rusos competir en los Juegos Olímpicos de Río, incluso cuando el informe oficial decía: «Es imposible saber qué tan profundo y hasta dónde llega esta conspiración».

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