ENFERMEDAD DE ALZHEIMER Y ACTIVIDAD FÍSICA

                                 Transición desde un cerebro sano a uno enfermo

La palabra “demencia” se usa para hablar de una serie de enfermedades neurodegenerativas, asociadas generalmente con el envejecimiento. Debido a las mayores expectativas de vida, el número de personas que sufre algún tipo de demencia se incrementa continuamente, con estimaciones hablando de más de 100 millones de pacientes para el año 2050, lo que ha llevado a la Organización Mundial de la Salud a declararla como prioridad sanitaria.

Entre el 60 y 70% de los casos de demencia se enmarcan dentro de la enfermedad de Alzheimer, que se caracteriza por un marcado deterioro cognitivo, que afecta a la memoria, pensamiento y comportamiento, y que no puede ser asociado al proceso normal de envejecimiento.  El Alzheimer se explicó durante mucho tiempo con la hipótesis de la cascada amiloide, con observaciones hechas sobre cerebros post-mortem, en los que se encontró acumulación de proteínas, llamadas amiloides, que al depositarse intracelularmente afecta las conexiones neuronales, causando su muerte. Actualmente se piensa que el desarrollo del Alzheimer es más complejo, y desencadenado por una serie de procesos patogénicos que se ven afectados por factores genéticos y medioambientales, y cuya explicación va más allá de esta entrada.

En el desarrollo del Alzheimer se han distinguido tres fases:

1/ Deterioro Cognitivo Subjetivo (SCD): estado preclínico, sin síntomas.

2/ Discapacidad Cognitiva Suave (MCI): estado preclínico, con algunos síntomas.

3/ Enfermedad de Alzheimer (AD): deterioro cognitivo, que afecta las actividades diarias.

Conviene destacar que no todos los individuos en fases tempranas acaban por desarrollar la enfermedad de Alzheimer.

La actividad física se considera beneficiosa sobre la salud general, al reducir el riesgo de infarto y diabetes, entre otras enfermedades. Un mayor riesgo de Alzheimer ha sido asociado con un estilo de vida sedentario, así que resultó lógico estudiar los efectos de la actividad física sobre dicho riesgo, al resultar una intervención más sencilla que la farmacológica.

Hay evidencias de que la actividad física en las fases preclínicas de Alzheimer puede retrasar su progresión, al estimular la plasticidad cerebral, aunque no es lo mismo el ejercicio físico desarrollado en el entorno laboral que el de ocio, que resultó mucho más efectivo en su labor protectora, especialmente en combinación con otras actividades mentales y sociales.

Durante la vida hay diferentes patrones frente a la actividad física, y aunque tras la jubilación hay más tiempo libre, generalmente se asocia con una reducción en los niveles de actividad. Sin embargo los individuos que tenían empleos sedentarios generalmente tienden a incrementar sus niveles de ejercicio, especialmente si el nivel económico es alto. El ejercicio a edades avanzadas podría ser beneficioso en la prevención y retraso de los efectos en las capacidades mentales asociadas con el Alzheimer.

Se han encontrado alteraciones genéticas que predisponen en mayor medida al Alzheimer (APOE4 por ejemplo), y cuya presencia podría ser suficiente para contrarrestar los efectos de un estilo de vida saludable asociado a la actividad física.

Hasta hace poco no había muchos estudios sobre los efectos de la actividad física en estados avanzados de Alzheimer, aunque un artículo reciente encontró que correr, aunque no modificó la producción anormal de proteínas de los pacientes con Alzheimer, fue capaz de mejorar su memoria y reducir su estado de agitación.

Como conclusión podemos decir que la actividad física (sea o no correr) es útil en prevenir y retrasar la enfermedad de Alzheimer en estados iniciales, y mejorar algunos de sus síntomas en estados más avanzados.

 

Nunca es demasiado tarde para ejercitar el cuerpo: también contribuirá a mantener tu cerebro y mente sanos.

 

Bibliografía:

Late running is not too late against Alzheimer’s pathology

Herring A, Munster Y, Metzdorf J, Bolczek B, Krussel S, Krieter D, et al.

Neurobiol Dis 2016; 94:44-54.

 

Physical Activity and Alzheimer’s disease: A Systematic Review

Brini, S., Sohrabi, H.R., Peiffer, J.J. et al.

Sports Med (2018) 48: 29.

 

Physical Activity in Preventing Alzheimer’s disease and Cognitive Decline: A Narrative Review

Stephen, R., Hongisto, K., Solomon, A., Lönnroos, E.

The Journals of Gerontology: Series A, Volume 72, Issue 6, 1 June 2017, Pages 733–739

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