Sin correr un maratón desde abril, en Madrid, la sequía parecía que se iba a prolongar también en julio. Por cuestiones logísticas este año decidía saltarme la cita de Santa Cruz, en Portugal, y un posible doblete Santa Cruz/Mélides-Troia, en plan locura al que me podía haber inscrito.
Sin embargo para el mismo fin de semana apareció Siete y nos lió, a unos cuantos, para repetir el Maratón de la Quinta, en Burgos. Maratón en plan “petit comité”, sin alardes, como había sido el año anterior. Sin muchas expectativas le digo que sí, y se monta un pequeño grupo de corredores. Sin embargo, a falta de 1 semana el mismo Siete se echa para atrás, y decidimos, a su pesar, continuar el maratón sin él, porque ya algunos habían hecho reservas y planes contando con esta carrera.
Gracias a la labor altruista de uno de los corredores que venían desde Zaragoza, Manuel, que se ofrece para cuidar las bolsas y realizar el control de las vueltas, me planto en la salida poco antes de las 20.00. No faltan ni bebida ni avituallamiento, aunque vengo con mis propias provisiones, intentando no sobrecargar aún más las labores de quienes han llevado esta carrera a buen puerto.
Con salida flexible algunos de los corredores más lentos salieron antes y llevan ya alguna vuelta. Allí veo caras conocidas como la de Txema, Pepe Caballer o Dioni, que parece que vuelve a dejarse tentar por Filípides.
De este modo, con unos 15 minutos de ventaja sobre la hora de salida del año pasado, y sabiendo que las luces del Paseo de los Atletas se apagan a medianoche, tengo alguna opción de no tener que recurrir al uso del frontal como me ocurrió el año pasado en las 2 últimas vueltas. Salgo acompañado de otros 2 corredores, con los que doy la primera vuelta corta, antes de encarar las 13 siguientes.
Después de dos vueltas, es una carrera en solitario para mí. Simplemente me dedico a disfrutar del recorrido por el parque, que ofrece un agradable ambiente, entre árboles, idóneo para una carrera sin muchas pretensiones.
Las sensaciones de entrenamiento desde Madrid han sido bastante flojas. Entre la falta de ritmo y la desgana, o desmotivación, no he metido ningún entrenamiento largo y los ritmos tampoco han acompañado, lo que me ha conducido a este maratón con algo de miedo a la hora de encarar de nuevo los 42k. Sin embargo el cuerpo tiene memoria, y las piernas responden, en cierto modo.
Así, voy completando vueltas a medida que la noche entra y el parque se vacía poco a poco. La temperatura baja, y se puede correr sin agobios. Este año no noto tanto la humedad como el año pasado y aguanto mejor el ritmo en las últimas vueltas, plantándome finalmente en línea de meta con un tiempo de 4.09.29, justo rozando la medianoche. Marca óptima, para como había afrontado la carrera, y no muy lejos de las 4h13m o 4h06m con las que había firmado los últimos retos de Ibiza o Madrid. También mejor que las 4h38m que firmé en 2024, aunque también con un calendario entonces bastante más cargado.
Esperamos a los últimos corredores para un foto de grupo, y cerramos este capítulo en Burgos, con dudas de si volverá a tener lugar, u optaremos por opciones similares en Vitoria, Zaragoza, o quien sabe, Valladolid.
Y con este, el último maratón en mis 40s.
