A principios de 2024, completando mi maratón 125 en Almagro, me planteé llegar a los 150 antes de cumplir los 50 años. Eso implicaba otros 25 maratones en algo más de año y medio. Y elegir un lugar apropiado para dicha efeméride.
Según transcurría 2024 e iba sumando maratones, vi que era factible llegar bastante antes de mi cumpleaños a esa cifra. En algún momento fantaseé con la idea de que el maratón 150 fuera en Japón, pero una segunda oposición en menos de un año, coincidiendo con las fechas de los principales maratones de primavera allí, como Tokyo, Osaka o Kyoto me hacía replantearme mi destino, y apuntar hacia objetivos más asequibles.
Al final optaba por Madrid para convertirse en el escenario de mi maratón 150, como ya lo había sido del primero en el 2000. Así unía mis bodas de plata maratonianas y alcanzar el 150, tras haber sido también allí donde alcanzaba los 100 en septiembre de 2021, en el primer maratón multitudinario post-pandemia.
He dejado pasar varios meses desde que corrí en Madrid para escribir la crónica. No quería precipitarme, y pensaba que seguirían más maratones en fechas cercanas. Mayo se postulaba como un mes en que podía correr varios, con Vitoria, Deux-Rivers y Candeleda, para seguir la racha. Sin embargo al final no enlacé ninguno, y bien entrado el verano, con Madrid a casi 3 meses de distancia, no había razón alguna para dejar su historia inacabada.
Volviendo a la crónica de Madrid, como en tantos maratones recientes, salgo de madrugada con Gorriti para llegar justo a tiempo para la carrera. El dorsal nos lo han recogido ya, y solo es cuestión de aparcar para encaminarnos a la zona de guardarropa.
Tras tantas ediciones ya está uno familiarizado con el Paseo de la Castellana, y las diferentes zonas de salida, meta y guardarropa. Sin estar en una de las primeras olas de salida, estoy con bastante tiempo ya en mi cajón.
Tomando con precaución los kilómetros iniciales, en ligera pendiente ascendente, voy sumando kilómetros. Cruzo los 5 en 27.37, y los 10 en 54.16, en ritmos ya alejados de las 3h45m, que marco siempre como objetivo inicial. Tiempo del que posiblemente tendría que olvidarme ya a estas alturas, puesto que cada vez lo veo más lejos de mi alcance.
Con la temperatura en ascenso alcanzo la media maratón en 1.57.09. Aprovecho para disfrutar de correr por la Casa de Campo, donde este año han metido más kilómetros, y de un Madrid cerrado mayoritariamente al tráfico. En mi cabeza repaso momentos que se quedaron marcados en otras ocasiones en que corrí la distancia reina en la capital, en la que nunca he corrido otra distancia.
Recuerdo aquellas primeras ediciones de Mapoma, con las caceroladas en la Avenida de Valladolid, o el Carros de Fuego sonando en otras zonas. También aquel Millennium Marathon de edición única que se celebró en 2001 (y del que aún me ha aparecido sin estrenar un gorro en el armario).
Finalmente, repasando mentalmente viejas “batallas” en Madrid, cruzo la línea de meta en 4.06.42, superando la barrera de las 4 horas una vez más.
Con este alcanzo mi maratón número 150, y 9 ocasión en Madrid. Tras este, siento que es momento de dejar Madrid y buscar otro destino para 2026, tal vez de nuevo en Aveiro.
Aunque pensé que el descanso maratoniano me vendría bien para recuperar sensaciones, en retrospectiva no ha sido así. Con el verano los ritmos no han mejorado, y hasta veo los 42 kilómetros con más miedo del debido. Espero que sean solo sensaciones, que se vayan en la próxima línea de salida.
Siguiente hito, aunque ahora ya sin ponerme tanta presión, el maratón número 200.
