Tercera ocasión en que corríamos este maratón. En 2021, aún con limitaciones de movilidad por la pandemia, se adelantó su inicio a primera hora de la tarde. Ya en 2023 comenzó a las 18.30. ¿Por qué comentó la hora de inicio? Porque este año, con inicio a las 19.00 nos pilló antes la oscuridad, y con ella algunos de los problemas que vinieron en carrera… Aunque primero lo primero.
Dos semanas después del Maratón de la Quinta, y aprovechando el desplazamiento a Portugal para iniciar unos días después las vacaciones, volvía a inscribirme al Maratón UTRSC Santa Cruz, con salida y llegada en esta pequeña población, con su extensa playa, a orillas del Atlántico, y cercana a Torres Vedras. Junto al maratón, también la opción más asequible de media maratón, ambas pruebas con inicio a las 19.00, y 7 horas de tiempo límite para los 42k.
Con unos últimos maratones en declive, y para evitar pensamientos negativos ante lo que se me venía, me presento en salida sin haber querido leer mi crónica de carrera del año anterior.
Saliendo de Santa Cruz el recorrido es a 2 vueltas, de aproximadamente 21 kilómetros cada una. La primera parte, aún con sol es dura, con numerosas subidas y bajadas, pero también inmejorables vistas de la costa, que permiten admirar la belleza de esta zona, muchas veces eclipsada por el mucho más popular (y también masificado) Algarve.
La prueba se sobrelleva bien, con un ritmo poco exigente, aunque difícil de estimar dada la ausencia de indicadores kilométricos. Con el ocaso avanzado, llego a Santa Cruz, donde se quedan los corredores de la media maratón, mientras que a nosotros aún nos queda una segunda vuelta.
Dejando la zona de salida/meta es necesario ya el frontal, y atravesando una pequeña zona de pinar, voy por primera vez al suelo, sin consecuencias, tras engancharme en una zona de plantas bajas.
Con el ojo ya atento, para no pasar de largo ninguna de las bandas naranja que indican el recorrido, se intercalan las zonas fáciles de carretera (las menos), con las de camino arenoso o polvoriento, y las más complicadas de bosque. Todo ello con continúas subidas y bajadas que hacen honor a lo que es una prueba de trail. Por no mencionar la soledad. En ocasiones lo único que se ve son las linternas distantes de algún corredor, en las zonas de mayor visibilidad, como pequeñas luciérnagas en la noche.
Es en una de las zonas de bosque, con apenas visibilidad, donde meto el pie en lo que parecía terreno firme y me hundo hasta la rodilla en una poza con barro. Las lluvias más frecuentes estos meses han vuelto el terreno mucho más húmedo que otros años. Después de tirar de brazos para conseguir salir del agujero continuo mi camino, con la autoestima tocada.
Contando con llegar al avituallamiento en la zona del monasterio abandonado, me encuentro que este año han cambiado su localización y allí no hay nadie. Desde ahí es subir la montaña al frente, donde se ve algún frontal sobre el fondo oscuro. Es la zona de mayor ascenso, y donde correr, con un sendero estrecho, en ascenso pronunciado y oscuridad es insensato.
Ya en lo más alto, aprovecho para recuperar el aliento y encarar el descenso hacia el valle, que luego me acercará hasta la costa. Una sección que otros años se me hizo corta, pero que este año no parece terminar nunca, y donde encuentro el que a la postre será el último avituallamiento, que sustituye a los 2 con que contaba en otras ocasiones. A estas alturas de prueba, superadas las 4 horas, ya solo cuento con llegar a meta dentro del límite de tiempo.
Enfilada la carretera hasta Santa Cruz, después de un breve tramo por su margen, el recorrido se vuelve a adentrar en una zona de dunas y rocas bordeando los altos acantilados de esta parte. Como mencioné antes, las lluvias han hecho que muchas zonas estén húmedas y resbaladizas. Aún más cuidado, si cabe, viendo ya próxima la barrera de las 5 horas. En este tramo intento que no me coja un corredor cuya luz veo por detrás cada poco tiempo.
Dando lo que queda, y ya en Santa Cruz, tras llegar al final de su playa, aún hay un pequeño rodeo y subida pronunciada para encarar la meta. Un último esfuerzo. Mientras están empezando a recoger las cosas, entro en meta en 5h20m27s.
El cansancio y problemillas me han hecho invertir 43 minutos más que el año pasado, en una carrera sufrida como pocas, aunque con espectaculares vistas, al menos en su primera parte, y posición 33 de 38 llegados a meta.
Hora de mirar al futuro. En 7 días tocaba enfrentar otro desafío mayor: el doblete de Phoenix Runs.
