Por circunstancias no había vuelto a tener la ocasión de correr en Lisboa desde 2021. Tampoco iba a ser el caso este año, hasta que un viaje de trabajo de última hora daba la ocasión de encajar el maratón en un fin de semana ya bastante agitado con otras cosas.
Era además la primera vez desde el cambio de fecha, de mediados de octubre y domingo, a finales de mes y sábado. Según leí era parte de una asociación estratégica con el maratón de Londres, para aumentar el número de participantes. De hecho, ahora el maratón es en sábado, y la distancia de media maratón y 10k el domingo, dejando clara la separación entre ambas pruebas.
Viajo miércoles tarde hacia Portugal, tras encajar un pequeño entrenamiento de mañana, que al final actúa de único puente entre los maratones de Ciudad Real y Lisboa.
Acudo a la feria del corredor el jueves, de por sí bastante raro, acostumbrado a llegar siempre en el último momento. Esta vez es en el recinto de la Feria de Lisboa, de gran tamaño y con muchos stands. Allí me doy cuenta del tirón internacional de esta carrera, con pocos portugueses. No demoro mucho en coger las cosas y proceder con otros menesteres.
Intentando la noche anterior dormir lo más posible, el sábado de madrugada tomo un Uber para llegar hasta Cais do Sodré, intentado evitar retrasos en el transporte público, a una hora en que aún no hay metro. Cuando llego, ya hay un elevado número de corredores. Cojo uno de los trenes ofrecidos por la organización para llegar hasta la salida. Ahí está otra de las diferencias con las ediciones anteriores. Se ha cambiado el tradicional inicio en Cascais, cuya zona de salida ya hace mucho que se había quedado pequeña, dado el número de corredores que se juntaban allí. Ahora el inicio es en el área de Carcavelos, en una zona mucho más amplia y a un escaso paseo desde la estación de metro.
Llegado a la zona de los camiones que se encargan de guardar las mochilas y llevarlas a la zona de meta, y aún con tiempo, me encuentro con Luis De Sequera, presente con idéntico propósito.
Con tiempo muy húmedo, y sensación térmica de 24°C ya a las 8 de la mañana, el día promete ser duro. Iniciamos así la prueba, cuyo recorrido nos lleva en primer lugar hacia la zona de Cascais, paralelos a la línea de la costa. Desde allí el recorrido vira, para después, de nuevo siguiendo con el río Tajo a nuestra derecha, encaminarnos a la céntrica Praca do Comerco de la capital lisboeta.
Con ritmo muy tranquilo llego al kilómetro 10 en poco menos de 1 hora. Las piernas siguen sin encontrar su ritmo al avanzar la carrera, llegando a la media maratón con 2h05m. No he conseguido recuperarme de la racha lenta de este mes, y para rematar también se me abrió la herida de la rodilla que me había hecho en el Maratón del Castillo, hace más de un mes.
Sin objetivo de tiempos ya en mente, me dedico a disfrutar del paisaje que ofrece el recorrido. Aunque a mí se me ha hecho duro, aún consigo adelantar bastantes posiciones desde Belén, y el Puente del 25 de abril. La barrera de las 4 horas me ve aún en el kilómetro 39.
Al final cierro mi participación en Lisboa con un tiempo de 4.20.39, y posición 5511 de 9566 llegados a meta. Un maratón de altos vuelos donde la organización y el recorrido aportan todo aquello que un maratoniano puede buscar.
Con este es mi maratón número 12 del año (156 en total), antes de encarar un noviembre sin maratones. Siguiente parada: Geres Extreme Marathon, en diciembre, para previsiblemente cerrar el ejercicio deportivo de 2025.
Nos vemos.
