LOS “100 KILÓMETROS EN 24 HORAS” A LA VUELTA DEL SIGLO

Rutómetro "100kms en 24h" (año 2000)

Volviendo la vista atrás vamos a revisitar los «100 kilómetros en 24 horas», prueba que nos abrió un mundo nuevo de distancias.

Organizada por la revista «Corricolari», esta prueba aún se organiza hoy en día, generalmente a mediados de junio. Es un primer paso en el mundo del ultra-running para todos los niveles. Con 24 horas por delante, el objetivo es cubrir los 100k del modo que cada participante encuentre más asequible. Correr o caminar es decisión propia.

En la actualidad la prueba sigue un recorrido diferente que cuando participamos. Antes la carrera comenzaba y terminaba en el estadio de «La Peineta», actualmente conocido como el «Estadio Wanda Metropolitano», y sede del Atlético de Madrid tras dejar el Vicente Calderón. El estadio daba a la prueba un cierto sabor épico, que no sé si mantendrá tras el cambio de recorrido y abandonar completamente la ciudad de Madrid.

La carrera siempre comenzaba a mediodía un sábado, y tenías que volver al estadio antes del mediodía del domingo. Después de cruzar Madrid, teníamos que visitar tres poblaciones, y en el caso de Tres Cantos en dos ocasiones. La organización transportaba cualquier cosa los puntos de control: alimentos, bebidas, cambiarse de ropa, etc. Las paradas, distancias y puntos kilométricos aparecen en la tabla adjunta (ver imagen).

Nos inscribimos por primera vez un ya lejano 1999, cuando aún no habíamos pasado del medio maratón. Los 100kms eran en su mayoría por caminos, y nuestro único objetivo era completarlos, caminando, antes de la hora límite marcada. El reto estaba allí, porque por su dificultad era habitual que solo 1/3 de los participantes llegaran a la línea de meta a tiempo.

Al mediodía, y ya con el Sol calentando con intensidad, se daba una vuelta a la pista del estadio antes de salir para cruzar Madrid. Algunos corredores ya partían a buen ritmo del estadio, mientras que la mayoría solo cruzábamos tranquilamente la salida. Un largo día de calor esperaba por delante.

Pasaban casi dos horas antes de salir de la ciudad y sus calles pavimentadas. San Sebastián de los Reyes fue el primer punto de control ya entrada la tarde. Una breve visita antes de dirigirse hacia el siguiente lugar. La etapa de solo 11 kilómetros es la más corta para la primera visita a Tres Cantos. Con suficientes participantes aún en carrera siempre hay alguien cerca. Al llegar, lo peor del calor había pasado, pero la carrera apenas comenzaba. Eran los 35k.

Desde Colmenar Viejo, la carrera entraba en un escenario diferente. De noche las temperaturas más frescas se agradecían, pero hacía falta prestar más atención para buscar las señales y no perderse. ¡Nadie quiere hacer kilómetros extra en una carrera de 100k!

En la segunda visita a Tres Cantos, y ya en los 2/3 de la prueba, el cansancio es considerable. Y ahí llegó el mayor error de 1999: echarse sobre una colchoneta para descansar un rato. Con mareos tras volver a ponernos en pie, y siendo la última etapa la más larga, con 35k, tomamos el camino más fácil: tirar la toalla a las 4.30 de la madrugada en el kilómetro 65.

Decepcionados por el abandono, estaba claro que no íbamos a dejar las cosas así. En 2000 decidimos probar suerte de nuevo. Nos sentíamos con más confianza, tras nuestro debut maratoniano, en abril de ese mismo año en Madrid.

Siguiendo una estrategia similar a la de 1999, paramos lo mínimo en los puntos de control. Y llegamos nuevamente a Tres Cantos y al maldito kilómetro 65. Pero esta vez, aunque cansados, seguimos caminando.

Al amanecer llegamos a los caminos que rodean la valla externa del aeropuerto de Madrid. No es un área atractiva, pero ya se puede vislumbrar Madrid a lo lejos. Agotados en el kilómetro 90, y con más de 6 horas por delante para hacer los últimos 10k, nos sentamos a descansar un poco en el lateral del sendero.

Incapaces de volver a ponernos en pie, la carrera termina una vez más. Decepcionados, y viendo pasar a otros participantes en dirección a la meta, todavía esperamos dos horas antes de ser recogidos por un vehículo de la organización. El coche de los abandonos.

Por segunda vez consecutiva, la carrera había sido más fuerte que nosotros.

Y así llegamos a 2001, y nos encontramos una vez más en la línea de salida de los «100k en 24 horas». Dos fallos consecutivos podían haber enseñado una lección importante: ahorrar la mayor cantidad de energía al inicio, para usarla en las últimas etapas, cuando más se necesita.

Y a la tercera fue la vencida. Dos años después del primer intento, finalmente logramos volver al estadio y cruzar la línea de meta a las 10.25 am, con más de 90 minutos disponibles.

Sentimientos de júbilo tras acabar con éxito tan dura prueba.

Pero a pesar de terminar, aún había que arrastrarse hasta la estación de metro más cercana: Las Musas. Solo un kilómetro, pero siempre el más difícil, cargado con el equipaje y las piernas rígidas. Bajar esas escaleras era la última prueba.

Una vez logrados, los 100k se podían eliminar de la lista de objetivos personales.

Aunque aún volvimos por última vez en 2004. Fue el último año antes de que la prueba cambiara de recorrido y abandonara Madrid.

Con más experiencia, esta vez logramos mejorar nuestro tiempo en casi 2 horas. Completamos los 100k en 20 horas y 28 minutos, y nuevamente solo caminando.

Los dos abandonos nos enseñaron una lección útil, no solo a nivel deportivo, sino también para la vida:

El fracaso no es una opción. Sigue intentándolo hasta que puedas superar tus límites.

Y esas fueron las dos únicas ocasiones en que nos retiramos de una prueba.

Tabla resumen "100kms en 24h"

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