GUN RUNNERS (2016, 89min, Anjali Nayar)

“Si pierdes, debes comenzar de nuevo”.

Robert Matanda

Estamos ante un documental donde seguimos a Julius Arile y Robert Matanda, dos granjeros keniatas y guerreros, a los que encontramos en 2006 a punto de competir en la Carrera por la Paz de Tegla Loroupe, un evento que ofrece a la gente rural la oportunidad de cambiar su vida y comenzar una carrera deportiva. La mayor parte de lo que veremos a continuación es en las propias palabras de Arile y Matanda, que han estado usando armas desde la infancia, como un medio de proteger sus animales y luchar contra los grupos vecinos. En esta carrera pueden cambiar sus armas a cambio de una amnistía y zapatillas de correr, con la posibilidad de tomar parte en un programa de entrenamiento en Peace Camp.

Arile gana la carrera y se enrola en el programa de entrenamiento, mientras Matanda decide volver a su villa, aunque más tarde es convencido por Arile para abandonar las armas y unirse a su grupo de entrenamiento. Sin embargo, no tiene tanto talento como Arile, ni se centra en los entrenamientos lo suficiente, así que abandona el programa y vuelve a su villa para estar cerca de su familia y ayudar en las labores de la granja.

Mientras tanto Arile continua con sus entrenamientos, a la vez que tiene la oportunidad de hablar ante las Naciones Unidas, en Nueva York, en contra de las armas ilegales en África. Aún sin ninguna victoria importante siente la presión de su familia, que se queja de que nunca está en casa para cuidar de sus hijos (tiene tres esposas) ni de la granja, y que apenas contribuye económicamente. De Peace Camp pasa al campo de entrenamiento para atletas de élite de Iten, donde se entrenan algunos de los mejores maratonianos del país, y donde la competencia es intensa. Como oímos al entrenador jefe Zane Branson, solo 1 de cada 10 conseguirá algún dinero al competir, y únicamente 1 de cada 50 conseguirá lo suficiente como para vivir temporalmente de ello.

Matanda mantiene su vida familiar, quejándose del distanciamiento de Arile con él y sus deberes familiares. Arile, aun arrastrando lesiones y sin el entrenamiento adecuado, tiene su primera ocasión de brillar como atleta de élite en el maratón de Praga de 2013, y aunque está entre los tres de cabeza durante la mayor parte de la carrera, solo consigue terminar en séptimo lugar.

Matanda se enfoca en política, gastando los recursos familiares en apoyar a un candidato que le promete un puesto en su gabinete en caso de resultar elegido. Derrotado, termina con problemas para pagar la escuela de sus hijos, que solo consigue finalmente pagar tras recoguer sus cosechas.

Mientras tanto Arile obtiene algunos buenos resultados, hasta ser invitado a participar en el maratón de Nueva York de 2013, la carrera que había sido su principal objetivo desde que comenzó a correr. Liderando la carrera en sus primeros compases consigue un meritorio cuarto puesto, y el premio en metálico de 25000$, que le sirven finalmente para ser recibido como un héroe a su vuelta a la villa.

Antes de los créditos finales sabemos que Matanda entró en la universidad, mientras que Arile compró una granja y 20 vacas con su premio.

Tristemente Matanda y su mujer murieron en un accidente de tráfico al terminar el rodaje, con la familia de Arile y su comunidad tomando el cuidado de sus 7 hijos.

Puntuación: 4 (sobre 5)

A favor: mostrar lo difícil que es para muchos atletas africanos llegar a la élite, no solo por la competición con otros atletas, sino también por las duras condiciones familiares que dejan atrás.

En contra: no es muy clara la cronología de todo lo que transcurre en pantalla; la existencia de más de medio millón de armas ilegales en Kenia.

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