MARATÓN 130: VINS DE BLAYE (FRANCIA) (11/05/2024)

Vista desde la Ciudadela

El Marathon des Vins de Blaye es alternativa al más popular, y también difícil de conseguir plaza, Marathon du Medoc. Así, presenta un concepto bastante similar, con un recorrido que incluye el paso por diferentes bodegas en un ambiente festivo, con muchos participantes disfrazados y la opción de catar los caldos de las bodegas que se recorren. Situado Blaye a unos pocos kilómetros de Burdeos, y con una ciudadela militar reconocida como Patrimonio de la Humanidad, se perfiló como la ocasión propicia para conjugar la visita familiar, deportiva y turística, aprovechando un lunes festivo en nuestra ciudad.

Aprovechando el viaje en coche desde Valladolid, podíamos parar a nuestro antojo para visitar los puntos más interesantes del recorrido. El viernes visitamos la ciudad de Burdeos por la tarde, llegando a Blaye después del cierre de la feria del corredor a las 20.00. Sin embargo, no es problema puesto que se da la opción de recoger el dorsal desde las 6 de la mañana, en la misma Ciudadela, donde se centra toda la logística de la carrera, desde su salida y meta, hasta la recogida del dorsal, comida post-carrera, etc.

Junto al maratón, con salida el sábado a las 9.00, se ofrece también una carrera de 10.5k, menos exigente. Con un tiempo límite de 7 horas, el maratón atraviesa 14 aldeas, contando con múltiples degustaciones de vino, y numerosísimos avituallamientos. Una oferta irrechazable que llevaba a Blaye a una pequeña comitiva vallisoletana, con Chema (y familia), Pepe y Quique dispuestos a afrontar y añadir otra muesca a sus curriculum maratonianos.

Ciudadela Blaye (muro exterior)

Gracias a que el alojamiento está a menos de 5 minutos de la Ciudadela, poco después de las 7 me acerco a recoger la bolsa del corredor, donde siguen los preparativos de última hora para acondicionar la zona de salida/meta y ya están por allí algunos de los corredores más tempraneros. Después de una pequeña vuelta, retorno al apartamento para finalizar los preparativos y volver la salida. La temperatura es ideal, aunque con previsión de alcanzar los 29⁰C la carrera puede convertirse en un verdadero reto.

Así, acabo por situarme en el pasillo de salida, donde nos congregamos unos 600 participantes para los 42k (la otra carrera empieza algo más tarde), en medio de un jolgorio considerable y donde aún tenemos tiempo para hacernos alguna foto previa.

Abandonando la Ciudadela recorremos Blaye antes de abandonar la villa. Después el recorrido nos va a llevar hasta otras pequeñas poblaciones y aldeas en medio de la campiña, donde se intercalan las secciones de carretera con las de campo a través.

Salida/meta carrera

En grupo llegamos Chema, Quique y yo llegamos al kilómetro 10, que cruzo en 53.17, a ritmo de 3h45m, aunque aún es pronto en la carrera para hacer predicciones. Tras un par de kilómetros ya me empiezo a quedar rezagado con 30 kilómetros por delante.

Me encuentro con un maratón muy bien organizado, con múltiples avituallamientos, bonitas vistas y con todos los marcadores kilométricos bien situados. Me hace recordar los maratones off-road que tanto hice en Reino Unido. En contrapunto el recorrido es duro, con continuas subidas y bajadas, no muy pronunciadas, pero suficientes para hacerme reservar energía para más tarde.

La media maratón la cruzo en 2.02.10, intentando aprovechar al máximo los avituallamientos, aunque evitando el vino y las numerosas viandas. Ya en ritmos más lentos llego al kilómetro 30 en 3.01.10, mientras seguimos cruzando aldeas y bodegas, con poco público pero entusiasta, aunque mis escasos conocimientos de francés no me permiten entender apenas nada.

Finalmente nos acercamos de nuevo a Blaye y su Ciudadela, que tendremos que rodear para coger la ruta de acceso hacia lo más alto de la fortaleza. Cruzo la línea de meta en un tiempo neto de 4.25.35, y posición 117 de 652 finalistas.

Tercera maratón en Francia, para una prueba altamente recomendable y lejos de las masas que pueden presentarse en otras carreras similares.

Haciendo noche en Blaye, la cena post-carrera nos permite volver a juntar a la cuadrilla de Valladolid para compartir experiencias.

Al día siguiente, y ya camino de casa, aún nos queda tiempo para hacer una ronda por Burdeos por la mañana, y visitar la impresionante Duna de Pilat por la tarde.

Gracias por leer hasta aquí, y nos vemos en la próxima parada.

Vista de Burdeos
Duna de Pilat

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