MARATÓN 122: BILBAO NIGHT MARATHON (21/10/2023)

Por circunstancias volvía al maratón nocturno de Bilbao, que ya había corrido en 2017. Inicialmente barajé para octubre los maratones de Lisboa y Palma de Mallorca, e incluso en la misma fecha tenía las opciones de estrenar los de Ciudad Real y Tirana (para el que llegué a comprar el vuelo de ida). Al final, por facilidad logística me desplazaba a Bilbao la mañana misma de la carrera, con solo 4 horas de antelación, aunque suficientes para recoger el dorsal en la feria del corredor, dar una pequeña vuelta y prepararme para ir tranquilo hacia la salida.

Con inicio a las 19.00 en el estadio de San Mamés y llegada en el Museo Guggenheim, a priori es un maratón atractivo. Situado en el cajón de salida 4, enseguida recordé porque no había repetido la prueba. Junto a la distancia del maratón, hay opciones de correr 21k y una carrera “pirata” de 10k, todas ellas con salida simultánea. He aquí el mayor error de esta carrera, puesto que para menos de 1000 participantes en la distancia de los 42k ¡hay más de 5000 en los 10k!

Con una temperatura de unos 18⁰C empiezan a salir escalonadas las olas precedentes. Para cuando cruzo la línea de salida, al final del cajón 4,el más numeroso, ya han pasado 7 minutos de carrera, y no he atisbado el menor rastro de ninguna liebre.

En medio de semejante marea de corredores, es difícil mantener un ritmo constante. Continuamente tengo que buscar hueco para sobrepasar corredores, a la vez que intento controlar las distancias con los corredores al frente y por detrás para evitar una caída que acabe por comprometer el resultado.

Pasados los 5 primeros kilómetros, llevo ya casi 2 minutos de retraso sobre el tiempo que me había propuesto. A pesar de mis tentativas por coger un ritmo más vivo, sigue siendo complicado, tanto por la cantidad de corredores, como por los numerosos embotellamientos en un circuito muy urbano, y con multitud de curvas, algunas muy cerradas.

Ya contando los metros para que los corredores del 10k entren a meta, tenemos que aguantar casi hasta su línea de meta para que el circuito quede despejado. Desde ahí ya se puede correr con tranquilidad, aunque ya atrasado con respecto al objetivo que me había propuesto.

No recordaba mucho el recorrido, ni los muchos zigzagueos a la orilla del río. Cruzada la media maratón en 1.58, ya me veo con escaso margen para bajar de las 4 horas. No acabo de encontrar el punto, y es que creo que mi biorritmo no responde bien a este horario vespertino/nocturno.

La segunda vuelta es bastante solitaria, aunque me permite ir poco a poco superando corredores. Con poco público, se agradece lo entregado de los voluntarios en animarnos y ofrecernos lo necesario en los avituallamientos.

Llegado al kilómetro 41, me alcanza el globo de las 4h, que va prácticamente en solitario. Allí oigo a un corredor recriminarle que no es forma de llevar el ritmo. Asumo que será por haber ido más deprisa al principio, para hacer un “colchón” de tiempo. Un defecto que ya he detectado en varias carreras, cuando lo más lógico, en mi opinión es llevar un ritmo constante. De cualquier modo, a mí no me ha afectado.,

Enfilo ya la recta al Guggenheim y cruzo la meta en un tiempo neto de 4.01.30, y posición 402 de 682 llegados a meta. Por alguna razón siempre me paso de las 4 horas en este maratón, aunque me sirve para sumar uno más a la cuenta.

Tras tomar un respiro me encamino hacia el hotel, con la mente puesta en el maratón número 123, que debería ser San Sebastián. Así será la primera vez que en el mismo año corro las maratones de las 3 capitales de provincia vascas, tras haber completado Vitoria en mayo.

Consejo a los organizadores: por favor, separar la salida de los 10k al menos 15 minutos.

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