ULTRARUNNERS: ¿UN VIAJE ESPIRITUAL?

Foto de Pablo Garcia Saldaña (Unsplash)

A primera vista, las motivaciones tras la práctica religiosa y de correr pueden no parecer relacionadas, ¿verdad?

Por un lado, algunos religiosos, tales como los primeros cristianos, viven una vida ascética centrada en la autodisciplina, la abnegación, la oración y el celibato para lograr el desarrollo espiritual.

Por otro lado, los ultrarunners también siguen una vida ascética, participando en experiencias físicas extremas que requieren altos niveles de disciplina y entrenamiento.

Ambos, ultrarunners y religiosos, aceptan dosis autoimpuestas de dolor y sufrimiento físico. En su ascetismo común, el sufrimiento es ordinario. Soportan sin quejarse la sed, el hambre, la falta de sueño, la soledad y, a menudo, condiciones ambientales extremas.

Pero ¿por qué los ultrarunners empujan su cuerpo y su mente más allá del límite? Las razones son múltiples. Amor por la naturaleza, búsqueda de un desafío personal o nuevas experiencias, cambio de una adicción (fumar, alcohol o drogas) por otra, soledad e incluso la misma espiritualidad que los ascetas religiosos persiguen.

Así los ingredientes principales de su “receta” son la resistencia, la perseverancia y la paciencia.

Cualesquiera que sean las razones que motiven a un ultrarunner, siempre habrá quien lo califique de masoquista, freak, egoísta, sobrehumano o simplemente tarado.

¿Te definirías con alguno de estos adjetivos?

Y, lo que es más importante, ¿cuál es tu razón para ser un ultrarunner?

 

Bibliografía

Díaz-Gilbert, M. (2018). The Ascetic Life of the Ultrarunner. Spiritus: A Journal of Christian Spirituality 18(2), 201-217. doi:10.1353/scs.2018.0025.

Foto de Zachary Young (Unsplash)

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