MARATÓN PISUERGA MIV (06/09/2020 – 89)

Maratón en tiempos del Covid-19

Como bien sabemos la pandemia de Covid-19 ha tenido efectos devastadores en los calendarios deportivos de todo el mundo. Primero las carreras se retrasaron para fechas posteriores, y todos pensamos que tal vez las cosas volverían a su cauce antes. Sin embargo, la realidad nos golpeó, y finalmente la mayoría de los maratones y carreras de este 2020 se han cancelado o retrasado hasta el próximo año.

Durante agosto, y sintiendo la falta de objetivos, decidí correr un maratón por mi cuenta para celebrar mi cumpleaños. Al final salieron 44 kilómetros (15.5 vueltas) en el parque de Campo Grande, en Lisboa. Pensé repetir la experiencia de vuelta en España, en Valladolid, el 8 de septiembre, festividad local. Hablé de ello con Quique Benito, y él a su vez con Pepe Turón, y la semilla del maratón Pisuerga MIV (Maratón Independiente de Valladolid) estaba sembrada. E iba a servir de celebración del 40 aniversario del primer maratón por tierras pucelanas, allá por septiembre de 1980, y primer maratón de Pepe, cuando solo tenía 17 años.

Teniendo en cuenta las restricciones a la práctica deportiva, que se endurecían aún más tan sólo unos días antes de la carrera, se decidió mantener el número de participantes muy limitado. Y además hacer la carrera en 2 rondas, una el sábado (13 corredores), a su vez dividida en salidas escalonadas a las 8.00 y 9.00, y otra el domingo (2 corredores), con salida a las 8.38. Así la distancia social quedaba asegurada durante el recorrido, siguiendo la margen del río Pisuerga, en el parque Ribera de Castilla. Un circuito de poco más de 2k al que tendríamos que dar 20.5 vueltas para completar la distancia del maratón, y con secciones en común con el tradicional “Cross de las 12 Uvas”, que tradicionalmente cierra el calendario de carreras de Valladolid todos los 31 de diciembre.

Aunque se suponía que iba a ayudar con los detalles de la organización, estando fuera de Valladolid hasta el sábado por la noche, todos los detalles de la organización, medición del recorrido, avituallamientos, bolsa del corredor y demás fueron compartidos entre Pepe y Quique. Sin ellos este maratón nunca habría tenido lugar.

El domingo sólo corríamos Pepe y yo, con Quique de asistencia. Una gran experiencia personal, ya que la carrera arrancaba y terminaba a escasos 500 metros de mi casa y seguía los senderos del parque donde empecé a correr en febrero de un lejano 1991. Imposible recordar cuántos entrenamientos realizados en el parque Ribera de Castilla a lo largo de los años.

Sabiendo que las raíces traicioneras habían provocado algunas caídas el día anterior, tuve especial cuidado con ellas. El recorrido era exigente, pero después de tanto tiempo sin competir, había que disfrutar de cada vuelta al circuito. Maratón finalizado en 4.14.51, no una gran marca, aunque en un recorrido típico de un cross, y sin sufrir ninguna caída.  Y lo que es más importante, otra gran experiencia maratoniana completada.

Las últimas conversaciones en la zona de meta abrían el camino a otras carreras en el futuro. Un pensamiento esperanzador quedó flotando en el aire, sugiriendo que quizás estemos al inicio del final de estos tiempos difíciles que nos ha tocado vivir.

¡Nos volvemos a ver pronto!

Trofeo de finalista
Cruzando la línea de llegada

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