TRÍADA DE LA ATLETA FEMENINA: UN INCONVENIENTE PARA LAS MUJERES DEPORTISTAS

Tríada de la Atleta Femenina (TAF)

El término Tríada de Atleta Femenina, o TAF, fue acuñado en 1992 por el Colegio Americano de Medicina Deportiva (ACSM) para una condición observada en atletas y mujeres que incluye tres factores:

  • disfunción menstrual
  • baja disponibilidad de energía, con o sin trastornos alimenticios
  • disminución de la densidad mineral ósea (DMO) y/o osteoporosis

Entre los factores de riesgo para la aparición de TAF se destacan:

  • participación en deportes donde la apariencia es importante (gimnasia, ballet, patinaje artístico, buceo o musculación)
  • participación en deportes de resistencia (carreras de larga distancia, triatlón, natación, ciclismo, lucha libre o boxeo)
  • presión para perder peso con la idea, muchas veces errónea, de mejorar el rendimiento
  • rasgos de una personalidad muy competitiva
  • falta de relaciones sociales fuera del ámbito deportivo
  • entrenamiento mientras se está lesionada, enferma o excesivamente cansada.

Vamos a centrar esta entrada en los tres factores afectados en la TAF, la frecuencia con que aparecen y qué estrategias se pueden seguir para contrarrestarlos.

 

Disfunción menstrual

La pérdida de la menstruación o amenorrea puede ser:

  • Primaria: cuando la mujer no ha experimentado su primer período menstrual en torno a los 15 años, aunque se han desarrollado otras características secundarias.
  • Secundaria: cuando faltan tres períodos consecutivos.

En disciplinas como el ballet o correr, la amenorrea secundaria puede llegar a afectar hasta al 69% de las deportistas, en comparación con un rango del 2-5% en la población general. La leptina es una sustancia asociada con la masa grasa y su deficiencia está involucrada en la amenorrea de las deportistas con la tríada.

La disfunción menstrual puede provocar infertilidad, mientras que los bajos niveles de estrógenos pueden causar disfunción endotelial y desembocar en varias enfermedades cardiovasculares. Además de esto, las atletas con amenorrea tienen un riesgo 2-4 veces mayor de fractura por estrés que las mujeres con periodos normales.

 

Baja disponibilidad de energía

La alimentación irregular es frecuente entre los atletas, afectando entre el 16% y el 47% de las atletas de élite femeninas. La prevalencia varía con la disciplina deportiva, la edad y la intensidad, aunque los niveles son mucho más altos que en la población general (prevalencia de 0.5-10%).

La alimentación irregular de una atleta no necesita alcanzar el nivel de un trastorno alimentario clínico, como la anorexia o la bulimia, para que aparezca la TAF. Simplemente a menudo carecen del apetito necesario para compensar el gasto de energía de un régimen de ejercicio intenso.

Además, muchas atletas femeninas sienten presión de su entorno, especialmente por parte de sus entrenadores, para mantener un peso corporal bajo.

Muchas veces no hay orientación acerca de cómo seguir una dieta saludable ni del método a utilizar.

La baja disponibilidad de energía puede tener serios efectos. Los aminoácidos esenciales y ácidos grasos son clave para mantener la capacidad del cuerpo de construir los huesos, mantener la masa muscular, reparar tejidos dañados y recuperarse de las lesiones. Además, también tiene efectos psicológicos, como depresión, baja autoestima y diversos trastornos de ansiedad.

 

Disminución de la densidad mineral ósea (DMO) / osteoporosis

Los problemas óseos suelen ser los primeros signos de TAF. La tríada se caracteriza por el deterioro del tejido óseo, lo que resulta en fragilidad ósea y un mayor riesgo de fracturas por estrés.

La prevalencia de baja DMO en atletas femeninas varía del 22% al 50%, y la osteoporosis afecta hasta el 13% en algunos estudios. Esto se compara con el 12% y el 2,3% de prevalencia en la población normal, respectivamente. La disminución de la DMO y la osteoporosis afectan por regla general a las mujeres mayores después de la menopausia, pero aparece en atletas no sanos a edades mucho más tempranas.

Los atletas sanos tienden a niveles más altos de DMO debido a los efectos beneficiosos que la actividad física tiene sobre ella. Sin embargo, los cambios en los niveles hormonales asociados a la disfunción menstrual afectan a los niveles de DMO. Se interrumpe la remodelación ósea mientras se acelera su reabsorción. Por lo tanto, las irregularidades menstruales en atletas jóvenes pueden llegar a contrarrestar los efectos beneficiosos de la actividad física en los huesos.

 

Prevalencia

El número de atletas que sufren simultáneamente los 3 aspectos de la tríada es bastante bajo: alrededor del 4,3% de las atletas femeninas, no muy lejos del 3,4% entre los controles sanos. A pesar de esto, no todos los componentes de la tríada deben estar presentes para sufrir efectos negativos en la salud.

A su vez, las mujeres con la tríada también tienen un sistema inmune disminuido, así como un metabolismo oxidativo del músculo esquelético deteriorado, que conlleva un peor uso de la energía por parte de los músculos, y como consecuencia un peor rendimiento deportivo.

 

Tratamiento

El mejor enfoque para el TAF es la detección y prevención tempranas. Cualquier atleta con signos de cualquiera de los tres componentes de la tríada debe remitirse a un equipo de profesionales de la salud, que incluya un médico deportivo, un nutricionista y un psicólogo/psiquiatra. El apoyo del equipo de entrenamiento y la familia es importante durante el proceso de rehabilitación.

El objetivo principal de cualquier tratamiento es restaurar los ciclos menstruales y aumentar los niveles de DMO. Para hacerlo, se prescribe un cambio en la dieta y los niveles de ejercicio para aumentar la disponibilidad de energía en general. Cualquier mejora no es inmediata, y a veces puede no ser suficiente para restaurar completamente la salud ósea inicial.

 

Conclusiones

  • La tríada de la atleta femenina es un síndrome complejo que afecta el bienestar de la atleta, a nivel físico y psicológico.
  • Por lo general, comienza con una alteración del equilibrio energético y progresa hacia problemas menstruales y de osteoporosis.
  • La prevención y la educación son factores clave para evitar la TAF y mantener la práctica deportiva como una actividad saludable.

 

Bibliografía

The Female Athlete Triad

Nazem TG, Ackerman KE

Salud deportiva. 2012 julio; 4 (4): 302–311. doi: 10.1177 / 1941738112439685

Photo by Morgan Sarkissian (Unsplash)

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