BEBIDAS DEPORTIVAS (1/2): hidratación y termorregulación

Hasta 1923, a partir de las investigaciones de AV Hill, no existía información acerca de la importancia del consumo de fluidos durante la práctica deportiva. Él fue el primero que encontró que el flujo sanguíneo era importante para mantener los músculos y el corazón trabajando durante el ejercicio. Su trabajo sentó las bases del modelo cardiovascular de la termorregulación, que explicaba la importancia de una buena hidratación durante la práctica deportiva.

Resumiendo, la pérdida de agua, en su mayor parte por la sudoración, reduce el volumen de plasma en el organismo. El corazón tiene que incrementar su rendimiento para mantener el flujo de sangre a los músculos y la piel. Si el ejercicio continúa sin una hidratación apropiada se alcanza un punto en que el corazón es incapaz de mantener el volumen de cada latido. El siguiente nivel de protección del cuerpo es incrementar la resistencia vascular, es decir, contraer los vasos sanguíneos para reducir el aporte de sangre a la piel. Esto afectaría a la capacidad termorreguladora del cuerpo de disipar el calor a través de la piel, conduciendo a un aumento de la temperatura. Cuando la temperatura corporal alcanza los 39°C se produce un descenso acusado en el rendimiento físico, que conlleva también efectos neurofisiológicos. Dicha situación sin tratamiento llevaría a un golpe de calor, que resulta fatal en muchas ocasiones.

Aún no está claro si el desencadenante de la limitación del rendimiento físico es la deshidratación o el sobrecalentamiento corporal. En algunos estudios los atletas más rápidos eran los más deshidratados, quizá porque eran capaces de seguir disipando el calor durante la competición, y a su vez presentaban una mejor economía de carrera (debido a la pérdida de peso corporal), pero es imposible saber si sus rendimientos hubieran sido mejores de haber seguido una hidratación apropiada.

Se acepta generalmente que los atletas deben compensar las pérdidas de líquido por sudoración a través de la ingesta de líquidos, como prevención de los efectos perjudiciales de la deshidratación. En 2007 el Colegio Americano de Medicina Deportiva comenzó a hablar de un nivel “tolerable” de deshidratación, donde una pérdida de fluido inferior al 2% del peso corporal no afectaría al rendimiento deportivo. En esta línea existe generalmente una pérdida de entre 0.4 y 0.6L por cada hora de práctica de ejercicio, puesto que la ingesta de líquidos y nutrición están limitadas. En corredores de élite de maratón compitiendo en climas templados una ingesta de 1L/h sería suficiente para mantener un nivel de deshidratación del 1.7%, aún en el rango de tolerancia, mientras que, en climas más fríos, una ingesta de 0.5L/h sería suficiente. Si estuviéramos hablando de corredores más recreacionales, con tiempos en torno a las 4h, una tasa de reposición de 0.5L/h sería insuficiente para mantener una correcta hidratación (a menos que estuviéramos hablando de un corredor de menos de 50kg). Las necesidades de fluido son variables entre los corredores de maratón, y se ven afectadas por las condiciones ambientales, la intensidad y la duración. Asimismo, los estudios se suelen realizar en laboratorios, donde las condiciones nunca son iguales a las que se pueden encontrar en una carrera real.

Solo en 1970 Costill estudió los efectos del agua frente a una bebida de carbohidratos+electrolitos en un grupo de atletas, y aunque encontró resultados similares en cuanto al mantenimiento de la temperatura corporal, el grupo bebiendo el preparado fue capaz de mantener el equilibrio electrolítico y el metabolismo de carbohidratos. Este trabajo abrió un nuevo campo de investigación, y con él un nuevo mercado lleno de oportunidades comerciales, que trataremos en el siguiente post.

 

Bibliografía:

Muscular Exercise, Lactic Acid, and the Supply and Utilization of Oxygen

AV Hill and H Lupton

QJM: An International Journal of Medicine, Volume 16, Issue 62, 1 January 1923, Pages 135-171

 

Fluid Ingestion During Distance Running

David L. Costill PhD, Walter F. Kammer MD & Ann Fisher MA

1970, Archives of Environmental Health: An International Journal, 21:4, 520-525

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